Mirar con lentes nacionales

 

 

“Mi copa es pequeña, pero yo bebo en mi copa”
Luis Alberto de Herrera

“Nosotros somos, nosotros”
Wilson Ferreira

 

Por Heraclio Labandera

Dos frases dichas en diferentes épocas y por diferentes líderes políticos, permitirán reflexionar sobre una constante que los integrantes del Partido Nacional nunca deben olvidar.
En los últimos meses se produjeron novedades políticas en varios países de la región, con la llegada al poder de gobernantes de diferentes orientaciones políticas de las que estaban en los gobiernos de esos países, con cambios en la narrativa ideológica de cada lugar, lo que de modo paradójico terminó por provocar “disturbios” aquí, en la política nacional.
Están aquellos que al ver la caída de mandatarios a los que consideran músicos de la orquesta “progresista”, lo único que aseveran como explicación del fenómeno, es que eso ocurrió por directa consecuencia de un “golpe de Estado”, aún cuando el gobernante al que le llegó el fin del turno terminara su mandato en el marco de un proceso de la más absoluta legalidad democrática y constitucional.
Parece chiste, pero para algunos opinólogos políticamente correctos, cuando un “progresista” es el que tiene que irse, sólo apelan a explicaciones tan traídas de los pelos como las de que ese gobernante se fue porque hubo un “golpe de la oligarquía”, un “golpe de la derecha”, o un “golpe blando” -por sólo mencionar tres de las adjetivaciones más comunes utilizadas para explicar estas cuestiones- cuando se produce el relevo de un gobierno “progresista”, al que de paso se busca emparentar con la “izquierda” para que los que acá tienen esa definición en la política uruguaya, se identifiquen con el gobernante caído en desgracia.
Claro que si el que se queda en el poder es considerado que pertenece a un “gobierno compañero”, la cosa parece que cambia.
Y frente a esa comparsa, están los que se alegran por las caídas de los tales gobiernos “progres” a manos de los nuevos gobernantes, y de pronto -sin advertirlo- se convierten en una especie de “legión extranjera” de partidarios del nuevo gobernante que llegó al poder, por la única razón de que eso irrita al oficialismo frenteamplista.
Por suerte, esas dos “hinchadas” no son la totalidad de los militantes políticos de las parcialidades del país, pero entre ambas hacen tanto ruido en la tribuna que llegan a impresionar como que no hay nada por fuera de ellos.
Pero sí se puede y se debe pensar diferente.

Casos que avergüenzan

Al momento de escribir estas líneas aún no se sabe a ciencia cierta quien será definitivamente el presidente electo de Brasil, a pesar de que las encuestas indican que el 1o. de enero (cuando asumen los nuevos gobiernos en Brasil) el diputado Jair Bolsonaro sea el que probablemente ocupe el sillón del primer mandatario en Brasilia.
Si por esas cosas de la política, las encuestas llegaran a equivocarse una vez más, y el que finalmente gane el domingo 28 de octubre sea el ex alcalde de São Paulo, Fernando Haddad, el sentido de estas líneas no cambiaría un ápice, porque esta reflexión no apunta a discernir quien será el ganador de la elección brasileña y los brasileños, ni que gol debemos festejar, sino que centra la reflexión en Uruguay y en los uruguayos.
Por estas horas, y sin saberse aún el resultado electoral -aunque ya sea sospechado-, ya hay “partidarios” de ambas parcialidades muy activos en los medios y en la formación de la opinión uruguaya -como si los de acá fueran a incidir en el resultado final de lo que suceda en Brasil- y hasta jugando el peligroso papel de querer intervenir en la política doméstica brasileña con opiniones absolutamente fuera de lugar, como la que realizó hace poco el canciller Rodolfo Nin Novoa, deseando que las encuestas que daban a Bolsonaro como ganador, “se equivocasen” o la impertinencia de la vicepresidente Lucía Topolansky, quien olvidando el alto cargo que ocupa en Uruguay, hizo una muy desubicada apreciación sobre el resultado electoral en el país norteño, hablando de “la desgracia” de que este candidato pasara a la segunda vuelta.
¿Y si gana Bolsonaro, qué van a hacer?

Ellos no son ciudadanos comunes y silvestres, sino que tienen responsabilidades de gobierno, representan a Uruguay y hablan en nombre de Uruguay, por lo tanto los uruguayos les pagamos el sueldo para que cuiden sus palabras tanto como le convenga al país.
Parece que se olvidan de que no están opinando en el plenario de un Comité de Base o que hablan para dejar contentos a los de la barra de la talud, sino que opinan como gobernantes, desde sus posiciones en el gobierno nacional y ejerciendo cargos oficiales, donde lo que debe preservarse ante todo, es el interés nacional.

La única explicación plausible para tamaño despropósito diplomático sería lo que hace poco deslizó en una nota periodística hecha por un canal de Melo, el ex candidato frenteamplista a la Alcaldía de Río Branco, Julio Wasen, ahora migrado al Partido Nacional, cuando dijo que “el gran temor que tiene la gente del FA de que en las elecciones del Brasil gane Bolsonaro”, es que sería en un año electoral y que en Uruguay se “destape la olla” sobre lo sucedido entre el gobierno de Dilma Rouseff (PT), y el de José Mujica (FA) en el sonado caso de corrupción conocido como “Lava Jato”, cuando todos los responsables de aquella corruptela que se armó en Brasil terminaron presos, y casualmente, fueron los mismos “socios” que el PT envió a Montevideo a concretar los “negocios” que luego rubricó el gobierno frenteamplista.

Porque de no ser así -opinar por mera preocupación partidista y no por el interés nacional- tales exabruptos serían de una irresponsabilidad política absoluta, porque involucran la suerte del país al que se deben, que es a Uruguay.
¿Por qué no opinan igual sobre los países musulmanes con los que tenemos relaciones diplomáticas, donde se lapidan mujeres, cuando acá el FA habla tanto de los derechos de la mujer?

¿Por qué hacen tanto silencio con regímenes donde se tolera la violación de menores y hasta el tráfico de personas, cuando acá se llenan la boca hablando de los Derechos Humanos?

Y para venir más al barrio, ¿por qué mantenemos buenas relaciones con gobiernos “progresistas” donde su presidente cree que la homosexualidad es consecuencia de comer pollos inyectados con hormonas, justo ahora que se aprobó la ley trans?

¿Por qué se hace un formidable escándalo por las declaraciones políticamente incorrectas dichas por el diputado Jair Bolsonaro, quién todavía no ejerce gobierno alguno, cuando si hay una clara complicidad del gobierno de Tabaré Vázquez con el régimen genocida basado en la tortura y la represión de Nicolás Maduro?

¿Hay Derechos Humanos de primera y de segunda categoría, según se trate de “gobiernos compañeros” o no?
Y podríamos seguir, mostrando las permanentes contradicciones evidenciadas por el gobierno el materia internacional, sin que se escape una declaración de condena cuando la violación de los Derechos Humanos es ejercida por “gobiernos compañeros”.
Parece que para el gobierno de Tabaré Vázquez, el juicio moral sobre las violaciones a los Derechos elementales de un ciudadano, depende estrictamente de la orientación ideológica del gobierno del que se habla.

La lección de siempre

Si bien la frase no es de cuño propio, desde el fondo de nuestra historia el Partido Nacional siempre mantuvo ese concepto como principio rector de la política exterior del país.
“Los países no tienen amistades permanentes, sino intereses permanente”, enseñaba un viejo león de la política europea, y si advertimos bien, esa ha sido la línea que el Partido Nacional defendió desde los inicios de la República en materia internacional.
Desde Manuel Oribe, al presente.
Por eso colocamos al principio de esta nota esas dos bellas frases de Herrera y de Wilson, que con diferente sintaxis, defienden lo mismo: lo que importa es proteger el interés nacional.
Hay intereses relacionados con los principios fundamentales del ser humano, como la defensa del Derecho a la Vida, a la Libertad, a la Dignidad, por apenas mencionar tres renglones que integran el amplio capítulo de los Derechos Humanos, y en eso, el país no debe transigir ni llamarse a silencio.
Pero hay otros intereses contingentes, coyunturales, como por ejemplo, el resultado electoral que se produce en el gobierno de un país, sobre los cuales Uruguay debe cuidarse de indicar expresiones temerarias.
Y en eso, no nos debe temblar la voz.

Colofón

En material de relacionamiento internacional, la norma del Partido Nacional ha sido cuidar el interés nacional.
Los orientales no podemos ni debemos dividirnos por cuestiones ajenas a la comunidad nacional, o ser piezas de un juego ajeno, y por lo tanto es absurdo tomar partido por gobernantes extranjeros, según nuestras simpatías o antipatías ideológicas individuales, y dejando de lado el interés rector de la Patria.
Más allá de las cercanías históricas y hermandades que tengamos, no hay que pensar como si fuésemos brasileños, argentinos, chilenos, estadounidenses, rusos o chinos, sino sencillamente como orientales, y advertir desde esa mirada, que cosas nos perjudican o nos benefician como nación, de los cambios en los países de cada una de esas nacionalidades.
Por algo, el gran Obdulio Varela dejó una frase para la posteridad, que no se agota en la mera anécdota deportiva y que se ha vuelto una auténtica metáfora para el país: “muchachos, los de afuera son de palo”.

 

Author: diadmin

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1 Comment

  1. Muy buena nota Heraclio,la tentación de muchos de trazar paralelismos y hacerse «hinchas» de los cuadros de otras ligas, más sin conocer procesos y realidades socio políticas particulares, les hace perder de vista los objetivos y los intereses nacionales.

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