Un velón al Uruguay

 

Por Gretel Schneider

Muchos predican orgullosamente el discurso de prender una vela al socialismo.
Pues voy a cambiar el discurso, y con mayor orgullo aún, digo que tenemos que prender un “velón al Uruguay”.
Empecemos distinguiendo algo de suma importancia, y es que los países no tienen amistades ideológicas, sino intereses nacionales.
Si bien la frase de la “velita prendida al socialismo” recobró fuerza con el escándalo de Envidrio, pero esa no fue la única vela quemada en todos estos años.
En la lista tenemos a Ancap, la regasificadora, Alas U, Antel Arena, exportaciones del sector lechero a Venezuela que se cobran con rogativas a Maduro, la ya citada Envidrio…
Todas esas velas se apagaron, dejándonos tapados de cera y sin luz, con deudas incobrables, empresas inviables, estafas, alguna que otra sospecha de corrupción y su inevitable repercusión en las cuentas públicas y el empleo.
Entonces, dado las ya conocidas pérdidas a la que nos llevaron estas conductas ideológicas, digo de prender un “velón al Uruguay”, porque antes que socialistas, o liberales, o socialdemócratas, somos uruguayos.
Primero y ante todo, orientales.
Debemos abandonar el incansable intento de sostener ideales utópicos, que por más esfuerzo que hagamos, siguen siendo utópicas, y es necesario comenzar a reconstruir algo tan real y tangible como el Uruguay.
Para recuperar al pais -pues sí hubo una vez en que tuvimos el Uruguay que soñamos hace más de un siglo- me parece importante subrayar determinadas acciones a contemplar.
En primer lugar, tenemos que dejar de justificar los fracasos sociales con alegatos tales como que “las personas tienen derecho a estar en la calle”, trágico eufemismo de la peor miseria espiritual.
¡No es que no tengan “derecho”, sino que en realidad no tienen otra opción!
Lo importante es darles la oportunidad, generando empleo genuino que le dé a esas personas la posibilidad de recuperar una decorosa calidad de vida.
Dice el art. 45 de nuestra constitución, que “todo habitante de la República tiene derecho a gozar de una vivienda decorosa”.
Pero el Art. 46 es más interesante aún, dado que el 45 es uno de los tantos artículos que forman parte del mundo imaginario de nuestra constitución, y dice: “El Estado dará asilo a los indigentes o carentes de recursos suficientes que, por su inferioridad física o mental de carácter crónico, estén inhabilitados para el trabajo. El Estado combatirá por medio de la ley y de las Convenciones Internacionales, los vicios sociales”.
Esto significa ayudar a quienes lo necesiten, y generar empleo para quienes estén en condiciones.
El trabajo dignifica; el trabajo junto a la educación, nos hace libres. La dependencia, la vagancia y la delincuencia son vicios sociales.
Para que eso suceda, debemos dejar de asfixiar al sector productivo, que ha sido nuestra ventaja competitiva por más de 100 años, y abrir los mercados para que éstos recuperen competitividad y vuelvan a desarrollarse como supieron hacerlo en otros tiempos.
Desarrollándose los mercados, retornarán inversiones al país, y con ellas, quienes generan empleo genuino.
Para atraer inversiones, y activar la movilidad social, es imperiosa una reforma educativa donde formemos futuros individuos, no solamente instruidos, lo cual no es para nada menor, sino sobre todo, libres, con capacidad de discernimiento y elección.
Parafraseando el célebre discurso, “educación, educación, y más educación”, pero además de decirlo para quedar bien, cumplirlo.
En segundo lugar, dejar de justificar estafas en las empresas que integran la constelación de las que prenden “la vela al socialismo”, alegando que “iban a remendar la fábrica”, mientras que nosotros, el Estado, les pagábamos sus seguros de paro.
Empresas sosteniendo “velitas compañeras”, a costa de pérdida de derechos hasta el punto de cerrar sus puertas, muchas de ellas, ….demasiadas.
No importa a qué fueron -así fuere, a sacar las telas de arañas- porque no debían estar realizando actividades de ningún tipo dentro de la empresa, o se de lo contrario, configura una estafa al Estado.
En definitiva, podemos seguir gastando y derrochando recursos prendiendo “velas al socialismo”, o podemos invertir y apalancar nuestro futuro prendiendo un “velón al Uruguay”.
Yo elijo la segunda, porque sé que con esa ganamos todos; con la primera, tan solo ganan unos pocos amigos.

Author: diadmin

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