De jóvenes e inmigrantes

 

Por Silvia Etchamendi

Hace pocos días asistí al lanzamiento de la lista 4040, cuyo candidato a diputado es Ignacio García, que tiene 27 años, es contador y tiene todas las ganas para hacer política.
“Quiero reivindicar a la política como herramienta de cambio, sin vicios”, dijo.
Y me gustó mucho su discurso, y en particular el recuerdo para su abuela inmigrante, que se puso la familia al hombro y logró trabajando duramente que sus hijos estudiaran y fueran gente de provecho.
Justamente por esos días –coincidencias de la vida- había estado pensando en todos los inmigrantes que formaron parte de mi infancia, allá por fines de los 60 y principios de los ’70.
En mi barrio, la Aguada, todos los almacenes, bares y panaderías eran de españoles o italianos.
Dionisio, Manolo, Genaro…
Todos, trabajaban de sol a sol y se decía que muchos de ellos al llegar, dormían en el negocio, porque no tenían otra posibilidad.
En particular, recuerdo a una lavandera del barrio que venía todas las semanas a casa a buscar la ropa que después traía impecable (las túnicas parecían nuevas cada semana, por el almidón), que le contaba a mamá los avances que hacía su hijo que estaba estudiando medicina.
¡Qué orgullo tenía esa madre!
Al hijo lo veíamos poco, porque estudiaba mucho, y por supuesto se recibió, para alegría de su familia.
Muchos de nosotros provenimos de esa gente que pasó hambre, y que pese a no tener en muchos casos ninguna educación, sabían que la forma de superarse, la única cuando se venía de una familia humilde, era la educación; la bendita educación laica, gratuita y obligatoria.
Sí, la que los gobiernos frentistas han destruido sistemáticamente.
Recuerdo que mi padre nos decía: “Estudien, porque lo único que les podemos dejar es la educación”.
Ahora hay toda una ola de inmigración nueva.
Y de eso habla Luis Lacalle Pou.
Gente que tuvo que huir de sus países por el “éxito” de los experimentos populistas. Muchos de ellos están muy bien formados.
Otros no.
Pero lo que queda claro en todos los casos, es que tienen unas ganas de trabajar increíble.
Ganas que en ciertas capas de nuestra sociedad se han perdido, gracias, una vez más a las nefastas políticas del FA.
Sé que hay ciudadanos que critican este aluvión de inmigrantes, y sospechan de maniobras del gobierno para obtener votos.
No me consta que sea así (y si lo es, no me consta que vayan a tener éxito: el voto es secreto).
Pero como dijo Ignacio en su discurso, Uruguay necesita gente.
Desde que tenemos memoria somos tres millones.
Quién nos dice que esta nueva ola migratoria no nos dé el tan ansiado empuje que nos ayude a recuperar aquellos valores que en muchos niveles parecen, lamentablemente, olvidados.
Lo dijo Luis Lacalle Pou: “Yo sin ellos, no puedo ser tan bueno como con ellos”.
Lo dijo refiriéndose a los jóvenes, por cuyo futuro estamos luchando los que estamos acá y también mencionó a los inmigrantes.
Uruguay necesita jóvenes con ganas; necesita jóvenes; necesita recuperar a muchos jóvenes.
Como dijo Lacalle Pou, no podemos dejar a nadie afuera.
A nadie.

Author: diadmin

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