En defensa de la descentralización educativa de UTU

Por Ing. Pedro Castro e Ing. Fernando Ubiría

La carrera de Ingeniero Tecnológico que dicta UTU en el Instituto Tecnológico Superior Arias – Balparda, así como en Paysandú, Salto y Rivera, tiene reconocimiento internacional.
Así lo atestiguan las maestrías cursadas por varios egresados en el exterior. La carrera es de nivel universitario y la Institución que la dicta debe recuperar la autonomía que ha perdido.

Estado actual de la enseñanza científico-tecnológica

El desarrollo económico del país ha requerido, durante los 10 años que duró el inédito auge de nuestras exportaciones, de gran cantidad de ingenieros y técnicos en las más diversas ramas de la actividad agropecuaria e industrial.
Ese período lamentablemente ha concluido.
Es de esperar que en el futuro se produzca un incremento de la actividad agropecuaria, industrial y comercial.
Para que dicho desarrollo no se vea frenado por no disponerse del número necesario de dichos profesionales, el país tendrá que enfrentarse entonces al desafío de formar en forma cabal y eficiente profesionales competentes, que además sean ciudadanos conscientes de sus derechos y de sus obligaciones hacia la comunidad que integran.
Los orígenes de nuestra Enseñanza Tecnológica se remontan al año 1878 cuando se fundó la Escuela de Artes y Oficios (precediendo en siete años a la Facultad de Matemáticas y Ramas Anexas de la UdelaR).
En la década del 1920, la Institución evolucionó a la Dirección General de Escuela Industriales, inaugurándose en 1922 la Escuela de Mecánica y Electrotecnia.
De la misma se graduaron en 1924 los primeros Técnicos Electricistas o Electrotécnicos y egresaron en 1938 los primeros Técnicos en Radiocomunicaciones o Radiotécnicos.
Entre otras actividades, estos egresados fundaron empresas que proveyeron a UTE durante décadas de transformadores de alta tensión y construyeron los equipos transmisores de numerosas radiodifusoras.
En 1942, la genialidad y lúcida visión del Dr. José F. Arias le hacen impulsar y crear la Universidad del Trabajo del Uruguay.
En 1963 el Ing. Luis Balparda Blengio, quizás el único directivo de UTU que aquilató en toda su genialidad la obra del Dr. Arias, introdujo actualizaciones curriculares, fundamentalmente en el apoyo científico de los conceptos técnicos y en complementos culturales que la sociedad de esa época había establecido como imprescindibles.
Se crean entonces los terceros ciclos en las orientaciones mecánica, electrotecnia y electrónica, inaugurando así oficialmente en UTU la Enseñanza Superior (hoy llamada terciaria).
La formación constaba de ocho años, una vez terminada la primaria.
Desde 1986 y a instancias del Prof. Don Juan Pivel Devoto, UTU ofrece también una carrera de ingeniería de nivel universitario, la cual tiene una duración de cinco años post- Enseñanza Secundaria o de 4 años post-Enseñanza Técnica (post- Bachillerato tecnológico).
La Universidad del Trabajo es “de hecho” una Universidad Tecnológica, que cuenta con unos 100.000 alumnos que acuden a 221 centros de estudios diseminados por todo el país.
La misma proporciona una enseñanza altamente integrada, los ciclos inferiores forman técnicos de nivel medio en áreas tan diversas como la agropecuaria, industrial, construcción, comercio, etc., al tiempo que imparten los conocimientos necesarios para acceder a la enseñanza superior, siguiendo la actual tendencia mundial en educación tecnológica: una alta integración entre los niveles medio y universitario.
Como ejemplos, basta mencionar que el Reino Unido está creando nuevas instituciones denominadas “University Technical College”, cada una de ellas liderada por una universidad y que en Argentina, dependen de la UBA cuatro escuelas secundarias técnicas.
En el año 2012 y con el loable fin de aumentar la oferta educativa superior en el interior del país, se creó la UTEC.
Al oponerse a tomar como punto de partida a la UTU y forzar la creación de la UTEC “a partir de la nada”, el partido de gobierno de la época olvidó que una Universidad no se crea por ley o decreto; éstos sólo habilitan su existencia.
Se crea en un proceso de permanente consolidación de los hechos pertinentes y complementarios al objetivo.
Así, pasados más de 4 años y tras una inversión no menor, la misma atiende sólo a un puñado de alumnos y tiene una presencia y oferta educativa más que modestas.
Actualmente la UTU está encorsetada dentro de la ANEP, lo cual causa diversos perjuicios a su funcionamiento y a sus estudiantes.
Por un lado, la ley de educación vigente no le reconoce la potestad de expedir títulos de grado, lo cual impide a los egresados de los cursos superiores ocupar determinados cargos en los organismos públicos o el realizar posgrados en el país.
Sin embargo, esos mismos egresados han homologado su título de Ingeniero y cursado Maestrías en países tales como España, Alemania y Polonia entre otros.
Por otro lado, se le imponen estructuras y reglamentos internos de funcionamiento de tipo liceal, inadecuados para una universidad.
El simple trámite de actualizar el programa oficial de una asignatura es una utopía, pues se debe contar con el aval de una legión de inspectores y funcionarios que en su mayoría son ajenos a la materia.
Cuando tiene lugar un cambio, éste ha sido decidido arbitrariamente por personas que en general no son egresadas del curso o carrera técnica en cuestión.
Es de prever que, aún tras un cambio de gobierno, difícilmente se contará con los 2/3 de votos en ambas cámaras necesarios para devolverle a la UTU la autonomía que tuvo durante 30 años.
Por ello proponemos el pasaje de los cursos superiores de UTU a la órbita de la UTEC.
Esto puede hacerse por mayoría simple de votos, cuando se modifique la ley orgánica de la UTEC a efectos de devolver el gobierno de la misma a los Representantes electos democráticamente por toda la ciudadanía en las Elecciones Nacionales.
Esto no sólo implicaría un notable ahorro, evitando la duplicación de funciones, sino que tendría la virtud de posibilitar la rápida habilitación de una instancia de Enseñanza Superior en aquellas localidades en que se crea conveniente, aprovechando la infraestructura y aún más importante, el capital humano y cognitivo acumulado durante décadas por UTU en dicha localidad.

Estructuralmente, las carreras y cursos superiores de UTU se integran naturalmente en un ámbito universitario, ya lo son de hecho.
Los cursos técnicos medios, hoy llamados bachilleratos, conformarían un Colegio Técnico Preuniversitario.
Estarían regidos por un Consejo Administrativo dependiente de las autoridades de la futura Universidad Tecnológica del Uruguay, las que además determinarían los planes de estudio correspondientes.
Esto último es necesario para mantener la integralidad programática entre el nivel medio y el superior.
El Ciclo Básico tecnológico debería depender de las mismas autoridades que el Ciclo Básico normal, estando por convenio la capacitación tecnológica a cargo del Colegio Técnico Preuniversitario.
A diferencia de la formación tradicional “todo o nada”, la formación por Ciclos permite alcanzar niveles de competencia y titulaciones intermedias.
Esto reduce el impacto social negativo de un eventual abandono de los estudios.
Sí no es posible obtener los votos necesarios para modificar la ley orgánica de la UTEC, siempre será posible cambiar los reglamentos internos de UTU, pero estos cambios serán precarios, pues dependerán de la buena voluntad de las autoridades del momento.
Así, hemos visto como algunos de los logros del período 1990-1994 fueron revertidos por las autoridades posteriores.
La última perla en este collar de insucesos, es que a UTU se la ha privado de su escudo tradicional.

 

Author: diadmin

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