La Revolución de Verdad (II)

Por Belmonte de Souza

Es la manera que tenemos de percibir el mundo, los hechos. La forma en que los juzgamos el porqué las cosas nos parecen bien o mal.
Nuestro sentido de justicia, la moral, la ética. El concepto sobre el arte, la música, las modas. La sexualidad, la literatura, el teatro, la religión. La educación, su valor o disvalor.
Lo espiritual, la filosofía, lo político, lo social, lo deportivo, etc. Eso es lo que viene a determinar la tan manida “hegemonía cutural”. En cada época han existido pautas culturales rectoras que abarcan nuestra comprensión del todo. Estas pautas culturales son compartidas en general e imperan en la sociedad en un tiempo y contexto determinado. Pero no estuvieron desde el origen de los tiempos ni fueron de generación espontánea.
No. Todo lo contrario.
Se fueron construyendo y entrelazando a través de múltiples procesos sociales. Y las que quedaron desplazaron a otras y a su vez también se han ido adaptando, sufriendo modificaciones y alteraciones acompasándose a los cambios constantes.
Estas pautas que se imponen en una sociedad en un contexto dado, no son para los marxistas una construcción colectiva en la que participen los distintos estamentos para lograr ese entramado multidiverso y omnicomprensivo. Para ellos esas pautas son una imposición de la clase burguesa para lograr el sometimiento del proletariado.
Vendrían a ser si una construcción, pero no zurcida o amalgamada entre todos sino artificialmente creada por la burguesía para someter a la clase dominada. Palabra mas, palabra menos, a esto es lo que los marxistas llamaron “hegemonía cultural burguesa”.
Y la palabra hegemonía se usó con el fin de resaltar el sometimiento por la fuerza que implicaba la existencia de esas pautas y que su fin y utilidad eran mantener los privilegios de la burguesía (por eso rechazan –aún hoy- las leyes que consagran el derecho a propiedad privada, a la justicia en tanto instrumento de su cumplimiento, a la educación enseñando lo que es la libertad individual, a la democracia misma, etc.).
Las directivas para sus militantes fueron muy claras. Había que romper con esta hegemonía cultural burguesa para lo cual debían destrozar todas, una a una, de cualquier manera posible a estas pautas. Ese era el camino al socialismo. Rota una pauta que preconizaba un valor, se la debía sustituir por el disvalor o el valor opuesto o simplemente dejar el vacío de lo roto.
Y debían intentar crear una nueva hegemonía cultural, la propia. Que significara la destrucción de todo concepto burgués, propiciara la toma de conciencia de clase del proletariado y vaciara de contenido valores como ser justicia, democracia, legalidad y hasta el mismo pensamiento libre.
Tenían que atacar también a la célula base y el reducto de mas difícil acceso, el seno de la familia burguesa.
A diferencia de lo que pasó en la Argentina, donde el peronismo fue un obstáculo infranqueable durante muchos años, en nuestro país desde mediados del siglo XX algunos lineamientos batllistas hicieron el campo orégano para que esta estrategia y su concepto se fueran instalando paulatina y firmemente.
A la larga resultamos ser el campo mas fértil y fecundo. Fue de lo mas parecido a una bacteria resistente de origen hospitalario, como una infección parasitaria que colonizó y horadó la base fundacional del país y sus distintos estamentos sociales. Lo cultural, lo sindical, lo estudiantil, la justicia, el parlamento, etc., participaron de la metamorfosis. Y lograron sustituir pautas que les permitieron empezar a ejercer el control y esa “hegemonía” en cuanto a valores, creencias, moral, explicaciones, percepciones, instituciones o costumbres y en eso si cambiaron el ADN del país. La realidad y la historia fueron muy impiadosas con el universo de mentiras, opresión y muertes que crearon.
En la búsqueda de explicaciones de su fracaso mayor dicen que si la Unión Soviética hubiese sido capaz de construir una hegemonía cultural alternativa a la que desplazó con la revolución de octubre, en lugar de imponer una nueva ideología, seguramente otra hubiese sido la historia.
Por acá intentaron enmendar la plana, pero tampoco han podido completar la tarea y generar una alternativa.
Es que no existe modelo a seguir. Los que inventaron y proclamaron ya se agotaron en fracasos estrepitosos. No tienen proyecto, rumbo, dirección. No les quedó nada.
Toda su prédica se concentra ahora en continuar la destrucción. Lo poco que pudiera haber sobrevivido en el tiempo, el resabio que quedara de aquella concepción burguesa pisoteada tiene que ser –para aquel marxismo vintage aniquilado hasta el final. Y siempre querrán mas.
A arrasar con la familia, la sexualidad y lo que sea. No importa nada, ni siquiera la naturaleza. No importa que a los homosexuales los hayan perseguido, discriminado, apresado y hasta ajusticiado siempre. Ahora resultan útiles para seguir derribando cosmovisiones.
Un homosexual hombre no puede donar sangre en el Uruguay. Ni siquiera a su padre. A nadie. Y por el solo hecho de ser homosexual.
Bué, pero eso no importa porque es la discriminación de siempre y no cambia mucho la historia. Lo que si importa es que pueda amputarse los genitales y darse hormonas. Mejor todavía si toma esa decisión siendo un niño de 12 años y sin consultar a nadie. Menos aún a los padres.
Lo único que importa, en definitiva, es aniquilar los paradigmas burgueses. Ahora bien, el detentar en buena medida esta hegemonía cultural (cultoproletaria) implica además del poder político, la capacidad de incluir a toda la diversidad.
Esto significa que la hegemonía es tan vasta y abarcadora que nos incluye a todos. Y si, también caemos nosotros.
Allí estamos necesariamente comprendidos los grupos políticos opositores, los que permanecemos también dentro del control hegemónico y les somos subordinados.
A estos opositores (que por lo general no pueden advertir que están “adentro”) se les quita su capacidad hasta de cuestionar el orden hegemónico. De allí esa resiliencia que nos permite ir y hasta reirnos de lo que canta alguna murga discriminadora en carnaval, sentados cerca de un termo que tiene la cara del Che.
Que nos parezca normal que el sueldo se lo paguen a un banco que te lo entrega en cuentagotas y además te cobra por eso. En el universo distópico se nos flecha la cancha y nos marcan las reglas de juego hasta con el lenguaje y por ahí llegan hasta a convencernos que quieren gobernar para los pobres. Con sencillez y desparpajo estigmatizan y demonizan a los adversarios en una sola palabra.
Fachos, rosaditos, neoliberales, burgueses, oligarcas, clasistas, cajetillas. También son los que andan en 4 x 4.
Todo simplificado tanto y de tal manera que no requiera un pestañeo para ser entendido. Los mas dominados y controlados, la gente empobrecida económica, cultural y socialmente, a veces sin familia y sin salud para los que por supuesto tienen un nombre que creo el de ahora es “en zona de vulnerabilidad” son a quienes tienen de rehenes con alguna prestación.
Y son a los que ya hace mucho Marina dijo que si siguen así no pueden perder una elección. Porque el verso es fácil, mirá que si gana este oligarca se les acaba el MIDES. Y punto.
Entonces salen los nuestros a jugar en la cancha que les pintaron. Pretenden ser la pista de aterrizaje de frenteamplistas desencantados y van corriendo a decirles que no. Que los planes siguen y que esto y que aquello también.
Y así continuamos en la misma, todos jugando con los naipes marcados que nos dieron. Hasta parece que nos hubieran prestado una camiseta para salir al campito a jugar, porque algunos de los nuestros para quedar bien van tan disfrazados de frentistas que cuesta caer en que no son del MPP.
Los salva algún afeite, tener el pelo lavado y verlos agarrar el tenedor. Pero el rebaño cultoproletario, fecundado in vitro por la nueva hegemonía que se autodefine como antineoliberal, porque ya perdió en el entramado de sucesos cualquier pretensión de definirse por ser pro algo, lo que fuere, tiene sus pilares muy endebles.
Así como el paso del tiempo resquebraja y parte una baldosa dura, la que quieta, contra el piso, no puede hacer otra cosa que ver como la primavera le hace crecer la vida por su rajadura, abriéndose paso en un brote verde, así también la historia esperó paciente el resquebrajamiento del universo cultoproletario.
Ahora es turno que su mentira mire absorta e inmóvil como por las grietas del barro reseco de sus pies, es el tiempo en que asome la verdad. Y que no, los niños no comían pasto. Hay que tener claro que saben muy poco.
Que todo lo que querían y por lo que luchaban se les cayó. Que cargan en sus espaldas la muerte de mas de cien millones de personas y balbucean que luchan contra el hambre en el mundo. Que solo pueden sobrevivir de la mentira y la ilusión, pero que no son magos. Es este el momento. Es el tiempo de la revolución de la verdad.
Hay que dar batalla en todos los frentes y en todas las canchas. Las flechadas también. Habrá que desintoxicar lo contaminado. Tendremos que ser ese antibiótico de última generación que ponga freno a la bacteria, en la injusticia, en el parlamento, en el país.
Hay que dar batalla en las urnas. Hay que dar batalla buscando a sus ex votantes desencantados, disfrazándonos o no.
Convenciendo indecisos y decidiendo convencidos. Hay que dar batalla en la defensa de nuestros principios de legalidad y democracia. Debemos ser revulsivos, porque esto implica una revolución.
Y hay que tener toda la energía, confianza, certeza y hasta alegría de emprender y dar la batalla cultural de la verdad.
Si esta victoria es nuestra, alea jacta est, el futuro también.

 

Author: diadmin

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