El Régimen

Por Heraclio Labandera

Hace muchos años en la Quinta de Herrera -como se llamaba a la casona donde vivió Luis Alberto de Herrera- había un árbol viejísimo, seco, sin hojas, plantado en una especie de isla de tierra y pasto diseñada en el patio, frente a su residencia.
Un buen día, no se sabe bien si durante una madrugada de tormenta o en una jornada de viento fuerte, aquel formidable espectro de lo que un día había sido un enorme y frondoso árbol, se desplomó y quedó tendido en el suelo, con su tronco ya acorchado por el agua y corroído por la fauna variopinta que suele alimentarse de la descomposición.
Faltaba poco para las elecciones que a la postre ganaría el Partido Nacional, y el formidable residente de aquella casona que era demasiado mayor como para mantener con sus propias manos el orden del lugar, recibió el indispensable auxilio de voluntarios de las juventudes herreristas, que se aprontaron a cortar el tronco y a sacarlo del jardín para dejar libre el camino que obstruía.
Entonces Luis Alberto de Hererra, el viejo guerrero de tantas batallas de la ética y la República, el soldadito de Aparicio cuando fue necesario, el conductor de multitudes cuando fue imperioso, el Fiscal de la Nación cuando fue inevitable, y voz de los sin voz cuando fue indispensable, se asomó al balcón y ordenó que detuvieran las faenas.
Su cavernosa palabra, retumbó en el silencio del parque.

-No muchachos, … no se lleven ese árbol … déjenlo ahí tirado … déjenlo ahí, para que su madera se pudra, y nos recuerde a todos, todos los días, que se pudrirá como se ha podrido la madera del régimen que tenemos que sacar …

Desde entonces, ese viejo arruinado tronco y de madera apelmazada, quedó tirado en el jardín frente a la casona, a la intemperie, al arbitrio del sol y de la lluvia, y los que allí estaban, lo bautizaron de una manera simple y directa: “el régimen”.

En la lengua castellana, las metáforas son figuras retóricas mediante las cuáles se utilizan ciertos conceptos o imágenes, que permiten transmitir a través de ellos, ideas que en apariencia nada tienen que ver.
La belleza y funcionalidad de las metáforas, es que combinan la potencia de las parábolas con la fuerza de las imágenes, y de manera mágica, el objeto se transforma en una idea de tres dimensiones.
Y ninguna mejor para estos tiempos.

Hay días en que nos haría falta tener delante un tronco caído, pudriéndose como “el régimen”, en recordatorio del momento histórico en el que estamos.
Hoy también tenemos por delante a “un régimen” en descomposición, sin respuestas para las urgencias del país, huyendo de los problemas, con la artillería de las culpas apuntando hacia otros, comportándose como los que saben que se van, e inerte como los árboles muertos.
Un régimen sin conducción, que marcha como el cíclope ciego, que agita temores para justificar sus yerros, que enloda a los que se le oponen, que no tiene sueños y que tiene miedo,
Sólo el miedo puede explicar que acusen sin explicar, o que usen el escarnio hasta del más humilde que saca una pancarta para decirles algo.
Olvidan que la vergüenza puede menos que la verdad.

Hay días que tendríamos que tener delante un tronco caído, para no olvidar que el régimen ya es cáscara vacía.

Está claro lo que hay que hacer.

Author: diadmin

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