Wilson

Por Guillermo Seré Marques

Una memorable propaganda de 1971 afirmaba “el Partido Nacional sigue dando grandes hombres: Wilson Ferreira a la Presidencia”.
Y pese a los conocidos embrollos, lo presidió a través de fecunda obra emanada de su innata visión estadista.
Celebrando los cien años de su nacimiento en Nico Pérez, es bueno recordar algunos rasgos de su trayectoria.
A su convicción nacionalista, agregó un conjunto de soluciones realistas basadas en concienzudo estudio de los problemas.
En la revolucionaria gestión de los colegiados blancos 1959-1967, se creó la Comisión Interministerial de Desarrollo que quedó en la mejor historia patria por su sigla CIDE.
Asesorada por especialistas de toda idea y organismos internacionales, produjo un magno diagnóstico del país y esbozó soluciones pragmáticas bajo la gerencia del Cr. Enrique Iglesias.
En su carácter de Ministro de Ganadería y Agricultura, Wilson impulsó la tarea en ímproba labor, trasnochando antiguas máquinas de escribir y trabajosos mimeógrafos.
Y desde ese cargo ya concretó las primeras medidas y, sobre todo, concibió su proyecto de país.
Su figura de caudillo emerge desbordante en 1971, asumiendo responsabilidades por encima de las divisas.
Así como demostró corrupciones, puso los votos para derrotar la guerrilla ciega.
Enfrentó la dictadura arriesgando confort, familia y vida, y a la vez nos pedía mesura afirmando que había que negociar la salida, porque “recién el país de pasado mañana será el nuestro”.
A su infame prisión respondió con gobernabilidad, y a la farsa del Club Naval respondió con leyes que hasta hoy enmarcan la máxima productividad del país.
Ante nuestras dudas de sacarlas, en un gobierno de ejecutivo ajeno nos conformaba diciéndonos “así ganamos tiempo, para cuando gobernemos”.
La creación del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), abarcando al sector madre de la riqueza nacional, es una simbiosis de trabajo y técnica, proyectándonos al mundo.
La ley forestal es símbolo visionario, transformando tierras pobres en el actual primer producto de exportación.
De la nada, en 1990 a la pujante actividad de hoy es casi un milagro, pese a reconvertidos agoreros de peces con tres cabezas, secar el suelo o ahora, trenes de primer mundo que desvelan hormigas.
La ley de lechería, pasando de un millón de litros diarios a los seis actuales.
El INAVI y la JUNAGRA, creando instrumentos paraestatales autofinanciados, que organicen los sectores y los protejan de la desidia y corrupción estatal.
Y nos decía, “hay que multiplicar riqueza para poder hacer justicia social”.
Creó la formidable Secretaría de Asuntos Sociales (SAS), para convivir la problemática obrera y sus soluciones.
Y el INJU, para dar preeminencia a las juventudes.
Y afirmaba, “se es blanco todo el día: de ladrillero, estudiante o profesional”.
Este simple esbozo comprueba que, pese a la exclusión sufrida, su ideario presidió y debe presidir el destino patrio en este año crucial.
Por encima de los chisporroteos electorales, la política sensata debe tejer coalición firme, con presencia acorde a votos y personas y compromiso de no abandonar en mitad del río, que será tumultuoso.
Habrá que convocar a los mejores hombres y mujeres, estén donde estén, en torno al concepto oriental que dio identidad y razón de ser a nuestra nación.
Es necesaria otra CIDE, que investigue el nuevo mundo y determine en que nichos podemos crear riquezas que paguen la irresponsable deuda actual y genere bienestar.
Y allí sí, incentivar empresas que ganen y dejen ganar, fórmula cierta y justa de aunar capital y trabajo.
Ese es el gran homenaje a Wilson que unió a su partido, convocó a los otros y demostró que, como expresara nuestro otro gran caudillo civil del siglo XX, “la quilla de nuestro barco hiende mejor las aguas embravecidas”.
Así fue siempre y se cumplió con éxito.

 

Author: diadmin

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