Simpatía por el demonio


Por Belmonte de Souza 

No podemos quejarnos, no señor. Momo ha cumplido con creces las expectativas que pudimos hacernos para este carnaval. Variado, con sorpresas, de todo y muy nutrido.
Tampoco quiero decir que todo haya sido bueno o lindo.
Anoche vi la foto de la Ministra de Cultura disfrazada, balanceando su gracia y donaire por la Lecueder de mi querido Artigas.
Pero el gran sacudón al avispero ya lo había dado el presidente, en una especie de rendición de cuentos, enfundado en un saco bolsa que parece le arrimó el vestuarista de Biondi y dejando entrever una inocultable senilidad.
Es que eligió palabras y expresiones demasiado infelices.
Le dio por ejemplo una inesperada popularidad y vigor al término “descerebrados” con el que pretendió descalificar a sus opositores.
Y así fue que llovieron las críticas.
Pero no como las lluvias de este marzo, que nos ha regalado entre lluvias unos hermosos días.
La de críticas ha sido una lluvia que no escampó.
De propios y extraños y de alguno que dice ya no ser tan “propio”, cosa que en realidad desconfío.
Mezcladas con las caretas del carnaval aparecieron juicios muy severos y durísimas críticas, y sorprendió, más que vinieran de reconocidos dirigentes y pensadores históricamente vinculados al oficialismo, aunque desde hace un tiempo intenten desmarcarse de la gestión de este gobierno.
Refiero en concreto a una carta abierta que circula por las redes con la firma de Valenti y a las posturas de Sarthou que, a través de artículos y reportajes, han tenido gran difusión en estos días.
De entrada nomás tengo que decir que concuerdo con las críticas.
No solo en la forma en que se expresan, sino en el fondo y desde el lugar del que salen.
Descubrí, por ejemplo, una inesperada sintonía con Hoenir, que llama desfachatez y ausencia de vergüenza cívica o lo que yo califiqué como el desparpajo de este gobierno.
Así pues que lo que me parecen críticas certeras, atinadas, agudas, sensatas y ponderadas igual, no dejan de sorprenderme.
Es que para quienes han sido militantes de cierta comprensión histórica, este tipo de pensamiento que da origen a las tan mentadas críticas no es otra cosa que un pensamiento burgués.
Más precisamente de pequeño burgués se diría en los 60.
Y que por los laberintos no descerebrados del pensamiento de estos críticos se asienten principios y valores burgueses es algo que antes o después me iba a rechinar.
Sobre todo, el que lo expresen.
Lo que dice Esteban Valenti en su “carta abierta” sobre los temas seguridad y educación parece salido del más firme y antiguo opositor a las políticas de este gobierno.
Muchos compañeros correligionarios me han hecho llegar esto por las redes.
Parece que le diéramos más valor a las críticas, si vienen de cuño propio, si son del mismo palo, a que las digamos nosotros.
Puede ser también una suerte de reconocimiento de razón que alegra ante la contundencia e innegabilidad de los hechos.
Pero el rechine me hace seguir desconfiando.
Valenti esgrime una pretensión de continuidad y coherencia histórica.
Califica de la peor manera a los gobiernos de blancos y colorados y elogia el primer gobierno del Frente Amplio.
Y quiero detenerme en ello, porque no lo considero menor.
Nadie parece reparar en estas opiniones, porque prevalece la dura crítica a la situación actual.
El palo que pega y el elogio al primer gobierno de Vázquez, queda como algo casi subliminal. Nadie salió a contestarle que ese primer gobierno que tanto elogia, al que fue convocado en el “festejen uruguayos”, ha sido el más malo de todos los gobiernos frentistas.
Y los discutiremos en el ámbito que sea.
Pero si tomamos los dos temas de crítica (seguridad y educación), es buena cosa recordarle a Esteban que fue en ese gobierno que se entró soltando presos, con el discurso que se atacarían las causas de la delincuencia –léase pobreza por la injusta redistribución de la riqueza por los gobiernos neoliberales- y se acuñó la expresión ”sensación térmica”, para solapar el desmesurado aumento del delito.
Que fue ese gobierno el que perpetró la Ley de Educación, que consagró pomposamente un derecho que siempre tuvimos y que creó una cantidad de cargos y una burocracia kafkiana.
Tal fue el impacto, que al iniciarse el periodo siguiente el consejero de Secundaria del MPP sugirió la medida de cerrar todos los liceos, por lo menos por un año.
Completito.
Fue ese primer gobierno en el que principiaron las políticas que hasta este puerto nos han traído. Pospongamos una vez señalar la fractura social y aumento del numero de asentamientos.
En verdad Esteban, de aquellos polvos estos lodos.
Hasta por un tema de salud dicen que hay que tener pensamientos positivos.
Actitud positiva.
Por eso no me gusta pensar mal, se que tengo que pensar bien, pero no puedo, no consigo dejar de desconfiar como si fuera un malpensado.
Si pensara mal (claro está que manejando ideas como hipótesis, nada mas) diría que tu “salida” del oficialismo fue consensuada.
Parece muy claro que sin el viento de cola de la coyuntura económica, el número de desconformes iba a aumentar.
Los desencantados serán muchos.
Y es buena cosa que puedan encontrar otra voz igual, de otro desencantado que formule las críticas que todos los desencantados hacen.
Quizás si siguiera pensando mal creería que fue consensuado también que formaras otro frente político, y por eso te juntaste con el penúltimo linyera y el primer polizonte en el viaje a Venus.
Que así parecería algo no individual y podría ser el anclaje de los desencantados.
Una forma de asegurarse que no cambien de vereda o de lado del mostrador.
Solo por terminar con mi desconfianza te preguntaría que vas a hacer en el balotaje.
¿Vas a apoyar al candidato del gobierno que criticás?
¿Dejar en libertad de acción, abstenerte?
No, no.
No es una pregunta que se pueda hacer ahora, anticipando tiempos y contextos.
Y es que tampoco me sería útil ahora una respuesta.
Igual seguiría con la desconfianza.
Es como la canción de los Rolling que ya cumplió medio siglo, o el cuento de la rana y el alacrán. Está en tu naturaleza.

 

Author: diadmin

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