El rol del Senado a partir de 2020

Por Rubek Orlando

Más allá de diferencias en las encuestas todos los especialistas coinciden en que a partir de la próxima legislatura se terminar la mayoría parlamentaria del Frente Amplio a la que hemos asistido en los últimos quince años.
Mayoría parlamentaria donde se han visto y votado leyes claramente inconstitucionales o a legisladores oficialistas que opinan de una manera ante la opinión pública, para después obedientemente levantar la mano votando en sentido contrario en aras de una unidad partidaria.
Es por ello que el próximo legislativo adquirirá una importancia como no ha tenido hasta ahora a la vez que sea la llave que le permitirá al gobierno electo, del Partido Nacional como todo parece indicar, llevar adelante su plan de gobierno.
Inteligentemente el líder del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, viene hablando ya de un gobierno de cuatro partidos, lo que ha sido apoyado desde tiendas rivales especialmente por el ex dos veces Presidente, Julio Maria Sanguinetti.
Imprescindible para llevar adelante un plan de gobierno.
Nuestro Senado se compone de 31 miembros, elegidos directamente por el pueblo, en una sola circunscripción electoral, conforme con las garantías y las normas que para el sufragio se establecen en nuestra Constitución.
Los senadores son elegidos por el sistema de representación proporcional integral, para un mandato de cinco años. La distribución de los cargos de senadores obtenidos por diferentes sublevas dentro del mismo lema partidario, se hará proporcionalmente al número de votos emitidos a favor de las respectivas listas.
Las exigencias para acceder al cargo es ser mayor de 30 años y ser ciudadano legal.
Otros países, como Chile, exigen además algo elemental para tan importante función como es el de haber completado la enseñanza media.
Lo mismo se exige en España e Italia exige demostrar también que poseen una renta anual con un mínimo establecido o de un ingreso equivalente.
Los criterios para enjuiciar un sistema electoral son múltiples.
Los que con mayor frecuencia se utilizan, sin embargo, son dos: la igualdad o la desigualdad que origina en la representación de las diversas fuerzas políticas que canalizan la opinión pública y su capacidad para engendrar una fórmula de gobierno estable con un parlamento flexible y eficaz.
Es por ello que los partidos tendrán que poner especial atención en las personas que integren sus listas al Senado.
Deberán ser profesionales con destacada actuación en su área de especialización, haber demostrando capacidad de gestión en la función publica, generar ideas y saber de los temas en que participen.
Ya no tiene sentido tener sentado por años en el Parlamento a personas que no han generado un solo proyecto de ley, que disfrutan de semanas de licencia para viajar alrededor del mundo para participar en reuniones de organismos internacionales sin sentido.
O el caso de una Senador, de alto perfil y escasa labor parlamentaria, que su punto más alto en años fue el de proponer una ley para salvar de la Justicia a un correligionario o acordarse de la madre de sus colegas.
El próximo periodo ofrece la reclamada posibilidad de elevar el nivel del Senado con figuras respetadas y valores destacados.
No como hasta ahora donde se salvan algunos pocos y donde el partido de gobierno no cuenta, por ejemplo, con un jurista en sus filas, primordial para evitar errores y horrores en más de una ley aprobada simplemente por contar con la mayoría parlamentaria.

Author: diadmin

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