Desencantos, frustraciones y estrategias electorales

Por Daniel R. Olascoaga
Entre las consecuencias más nefastas que han dejado para el país los tres períodos de gobierno del Frente Amplio, destaca el descreimiento en la política y los políticos.
Una fuerza política que se presentó desde su nacimiento como una esperanza de cambios, en especial luego de la crisis del año 2002 fue frustrando las expectativas que gran parte de la población había depositado en ella.
La principal causa de ese fracaso, que no es del caso analizar en este artículo, tiene que ver con la falta de una visión o proyecto homogéneo de país. Desde su fundación el conglomerado ha sumado revolucionarios marxistas leninistas, que procuran la instalación de un régimen socialista de partido único (el discurso en el parlamento del diputado Groba nos exime de mayores comentarios), pasando por una especie de batllismo aggiornado de Seregni y los frugonistas, hasta sectores que, provenientes de otras tiendas se acercaron últimamente al Frente Amplio con la esperanza de lograr un cambio.
El resultado ha sido, evidentemente de una frustración para gran parte de estos compatriotas. Durante los gobiernos frenteamplistas no solo no se nacionalizó la banca (todos los bancos de plaza son extranjeros, con excepción del BROU), la deuda externa del país ha subido de forma exponencial, llegando a guarismos nunca antes vistos, el proceso de extranjerización de la tierra ha sido alarmante, el fracaso de las políticas aplicadas al sistema educativo están a la vista, para no hablar del tema de la seguridad pública.
En cuanto al combate a la pobreza, luego que todos los partidos votaran la creación del Ministerio de Desarrollo Social con el cometido de atender a los sectores más vulnerables, en especial a los que habían sido víctimas de la crisis del 2002, fue un rotundo fracaso. Los asentamientos irregulares se han reproducido exponencialmente, baste recorrer las calles de Montevideo y de varias ciudades del país para ver miles de compatriotas en situación de calle y lo único que se ha logrado ha sido instituir lo que el Dr. Sanguinetti llama la figura del “mendigo presupuestado”.
En cuanto a proyectos de largo alcance, salvo las dos plantas de celulosa que vienen desde el gobierno de Jorge Batlle, lo único que hemos oído son historias bonitas de fracasos y frustraciones, ni regasificadora, ni minería a cielo abierto, ni puerto de aguas profundas, ni tren de los pueblos libres.
En resumen, el Frente Amplio tomó el gobierno con una economía en franca recuperación, vivió uno de los períodos de mayor auge de nuestra economía, con precios internacionales excepcionales y no solamente dilapidó esta oportunidad, sino que nos hundió en una crisis económica a largo plazo que se refleja en el déficit fiscal abultado, el crecimiento desmesurado de la deuda, un recrudecimiento de la crisis de la seguridad social y el cierre de empresas un día sí y otro también. Para no hablar de los casos de corrupción o del gasto a manos llenas de dinero público como si de plata propia se tratara.
Estos temas, repasados a vuelo de pájaro, ya que cada uno de ellos podría dar para un artículo en sí mismo, constituyen, a nuestro juicio, una de las causas fundamentales de la gran frustración y descreimiento que uno puede palpar en la calle.
Ahora, el Frente Amplio tiene estrategias para contrarrestar esto, y ha ensayado varias, con suerte dispar.
Una de de ellas ha sido la que, encabezada por Valenti, procuraba la creación un Frente B. En nuestra opinión, esta estrategia tuvo como objeto reunir “desencantados” y comenzar a construir una nueva coalición. Ante una eventual derrota electoral del FA, la apuesta era que más grupos se escindieran de aquel y dejar conformados dos bloques electorales que fuesen separados en octubre y actuasen juntos en noviembre. Un desliz público de Selva Andreoli frustró, en principio, esta iniciativa, pero sostengo que el proyecto, en alguna medida sigue vivo.
Los otros proyectos han buscado debilitar a la oposición, dividiéndola, teniendo además como objetivo restarle bancas a la principal fuerza opositora, el Partido Nacional.
Hemos sostenido, desde que salió al ruedo Novick, que ese era el partido del agente, y los agentes no hacen política, hacen operaciones. Y en este caso ni suman ni multiplican, más bien restan y dividen.
En este caso tengo la convicción que el socio del asesor y amigo de Presidente de la República tiene como máximo objetivo restarle votos al Partido Nacional.
Ahora, esta opción parece estar haciendo agua por todos lados, más allá de sus despliegue publicitario, las continuas defecciones lo van dejando solo con mi amigo el diputado Peña, empecinado en hacer realidad el oxímoron del pacheco-wilsonismo.
Ante este fracaso, surge en medio de una operación muy enredada, y muy propia de los servicios de inteligencia, la nueva candidatura del Tte. Gral Manini Ríos. Un hombre de estrecha confianza de quien el mismo calificó como el mejor ministro de defensa de este país, Eleuterio Fernández Huidobro.
Hay quienes se alegran del surgimiento de esta nueva opción, ya sea porque simpatizan con sus posturas o porque dicen que ayuda a “limpiar de golpistas el partido” (sic).
En nuestra opinión, se trata de una nueva estratagema que busca restarle votos (y bancas) al Partido Nacional.
Los movimientos en política pocas veces son ingenuos y deben medirse por los resultados esperados, es evidente que ninguno de estos partidos tiene posibilidades de acceder al gobierno, como sí la tienen de dañar a la oposición, y en particular al Partido Nacional.

Author: diadmin

Share This Post On

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *