Pintando banderas

Por Heraclio Labandera

Falta poco para las elecciones internas y en las tiendas de DALE arde la militancia por un mejor mañana para la “tierruca” de todos.
Es la “batucada” que aturdía del día que se entregaron las listas en la Corte Electoral; es el “Pájaro” de vaqueros que hizo famoso el relato de Darwin Besbocatti, recordando a aquel otro “Pájaro” amarillo que acompañó la primera y desesperante victoria; es el tuit del conocido y el del ciudadano anónimo que alienta cuando las cosas salen bien y cuando hay que hacerlas; es la “trinchera” de la página de facebook del que escribe desde el asfalto o la del que vive y lucha la diaria rodeado de un mar solitario de campo y tierra, pero juntos buscan un mismo sueño; son los gorros y las banderas de todos los colores que cada uno agita porque sienten que la identidad es como un ancla a “lo mejor que está por llegar”, y aunque todos diferentes, hacen coro con la misma consigna y canción.
Es la fuerza de la “indiada” la que impulsa a seguir contra viento y marea, como aquella mítica nave que “hiende mejor su quilla en las aguas embravecidas”; la que alienta a seguir construyendo “puentes de plata”, en vez de para que los adversarios huyan -como reza el refrán-, para que en cambio lleguen a un nuevo vivac de “esperanzas compartidas”.
Están los que cantan el “orgullosamente blanco”, como enseñaba el caudillo de Nico Pérez, y están los que hacen honra de esas otras mochilas que se traen de pagos donde se perdió la esperanza y ahora llegan a buscarla entre los nuevos leños.
Son las fotos repetidas una y mil veces de cientos de grupos que saludan y gritan como si las fotos tuviesen audio, para recordar un gozne en el almanaque de lo importante.
Son las cientos de selfies que se repiten y se repiten, como si quisieran congelar en el tiempo la satisfacción íntima del que sabe que está construyendo historia.
Son los que han estado y están, y son los que partieron sin poder estar en esta hora de gloria del militante, del que entrega un trozo de su valiosa vida por un sueño.
Entre los que están, anda Azucena, que con humilde talante vino de otras tiendas a completar las nuestras, y anda Olguita, con su poncho patria de todas las horas, y entre los que fueron llamados por Dios, solo voy a nombrar a uno, y referir en él a todos los que ya se fueron: Federico.
Un amigo de la infancia al que la calesita de la vida me lo hizo reencontar en esta misma trinchera, al que una artera enfermedad se lo llevó sin preguntar si era el momento, a quien muchos conocieron, pero a quien los nuevos miles que están ahora, no conocerán.
En su memoria evoco a los cientos de militantes que ya partieron, pero que nos acompañan en cada uno de nuestros gestos colectivos.
En esta campaña que recién comienza -pero que ya cierra su primera etapa- he visto cientos de fotos, con grupos y con infinidad de caras, pero dos de ellas quedarán en el disco duro de mi espíritu.
Una fue cuando el Pájaro caminaba en solitario por una soleada calle de piedra, allá en la frontera con Brasil, buscando una casa perdida de un militante conocido por mantener enhiestas las mismas banderas, al que había que ir a buscar, y el que lo captó en el esfuerzo, puso al pie de la foto del tuit una frase de habla de la esencia más pura de toda militancia: “Caminar y caminar….porque de eso se trata”.
Y la otra foto que me quemó el alma, fue la de estos compañeros de militancia a quiénes todavía no conozco aunque compartamos una misma causa, que saben que no todo les llegará hecho y tienen que prepararse para cuando vengan a su acto, en otro rincón perdido de la República.
No importa el nombre para el que pintan con el esmero del artista, porque ese gesto se ha repetido generosamente por todas los rincones de militancia de DALE, o tal vez deba decir, en todas las tolderías de la “indiada” invencible.
Compañeros: falta poco para cambiar la historia.
Hay que seguir pintando banderas.

 

 

Author: diadmin

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