Para que ninguno se llame a engaño

Por Daniel Olascoaga

Pasó un nuevo aniversario del golpe definitivo de 1973 y el decreto de disolución de las cámaras, y pasado el ruido electoral -lo que permite pensar- vale la pena hacer algunas precisiones y consideraciones para ubicar a cada uno en el tiempo.
En los meses previos al golpe, la calidad democracia se venía deteriorando a pasos agigantados, por un lado un sector autoritario llevado al gobierno en elecciones polarizadas y con resultados, al menos, dudosos.
Por otro lado sectores dizque progresistas que venían desde mucho tiempo atrás denostando al sistema democrático.
A la democracia “formal”, los iluminados que pensaban que con sus fórmulas mágicas debían imponerle a la gente un determinado sistema de gobierno en nombre de un pueblo al que consideraban demasiado atrasado para comprenderlos, entonces había que hacerlo aún en contra de su voluntad manifiesta.
El movimiento guerrillero, que impulsó a muchos jóvenes a salir a realizar acciones violentas, porque “la revolución no se hace con votitos”, como decían, había tenido largas negociaciones y conversaciones en los cuarteles donde se encontraban detenidos muchos de sus dirigentes.
Algunos ya se veían el futuro que las urnas les negaron en manos de militares “progresistas” que harían realidad sus ilusiones.
Mientras unos y otros nutrían un espiral de violencia que dejaba a la gente en el medio de una lucha ajena, los sectores que no creían en la democracia se la pasaban conspirando.
El Partido Nacional, con Wilson a la cabeza, venía denunciando, una y otra vez este tipo maniobras. En ese marco se convocó una marcha pacífica bajo la consigna “en el Uruguay, el que manda es Usted”, viendo que los mesiánicos de uno y otro lado se decían representantes del pueblo, el mismo al que no querían consultar.
En ese mismo período Seregni llamaba a “los militares honestos” a unirse “al pueblo”, para combatir “la rosca”.
Un eufemismo demasiado evidente para llamar a los militares a tomar el poder.
En febrero de 1973, las FFAA cometen un acto de desacato al Poder Político y emiten los famosos comunicados 4 y 7, aplaudidos a rabiar por la central de trabajadores y los sectores afines al Partido Comunista.
El deterioro del poder político ya se volvía irreversible, y los autoritarios de uno y otro signo estaban más interesados en conspirar que en defender las instituciones.
El 26 de junio, en la víspera del decreto de Bordaberry, Wilson advertía lo que todos sabíamos, que “si la CNT y el Partido Comunista no quisieran, acá no hay ningún golpe de estado”.
Pero las cartas estaban echadas.
En la madrugada siguiente se produce el quiebre institucional, si bien la Central de Trabajadores inicia su huelga, durante su desarrollo se producen intensas negociaciones entre autoridades de gobierno y los dirigentes de la CNT proscripta.
Negociaciones que buscan acuerdos de carácter político.
Hubo, detenciones, exilio, clausuras.
Comenzó una represión importante.
Es cierto, pero no es menos cierto que, al menos hasta 1975, desde el Partido Comunista y sus sectores afines se decía que “había que esperar”, que dentro de las FFAA había un sector progresista (encabezado por el Goyo Alvarez!!!) que estaba dando la batalla interna.
Quizás por eso, al producirse la revolución de los claveles en Portugal, la UJC salió a pintar los muros llamando a los militares a conformar un gobierno popular.
Lo que vino después, las consecuencias de haber querido tomar atajos, fueron espantosas, para el país todo, pero también, y quizás muy especialmente, para quienes se vieron tentados a brindar apoyos críticos, a ilusionarse con pactos bajo la mesa.
Si, es cierto, todos fuimos víctimas de esa represión, y todos unidos logramos recuperar la democracia.
Los que combatimos al régimen desde su propia génesis nos solidarizamos con todas las víctimas, luchamos por la libertad de todos los presos políticos, buscamos el retorno de todos los exiliados y nos comprometimos con la desproscripción de todas las personas y organizaciones políticas.
La lucha por la libertad es la lucha por la libertad de todos, no solo la nuestra.
Eso sí, repasar, aunque sea de esta forma sucinta, los hechos que precedieron y rodearon el golpe de estado de 1973 debería poner a cada uno en su lugar, cuando nos hablan de defensa a de la democracia y resistencia a la dictadura.
En los convulsionados 70, fue el Partido Nacional, bajo el liderazgo de Wilson Ferreira Aldunate, el que llevó adelante la defensa de la democracia sin concesiones ni matices.
Seguramente que no estuvo solo el Partido en esa lucha, pero fue sin lugar a duda alguna el sector que no quiso transar con situaciones que no implicaran la consulta popular.
Quienes hoy se rasgan las vestiduras, y se autoproclaman héroes de la resistencia, deberían al menos hacer una autocrítica retrospectiva de actitudes que fueron propiciatorias cuando no cómplices de la caída de las instituciones.

Author: diadmin

Share This Post On

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *